Era
una noche de diciembre, fría pero acogedora (quizás se debía a nuestro cuarto
que para entonces era nuestro hogar). Había terminado mi mejor amigo Ian de
darse un baño tibio, toda la habitación se inundó de vapor que provenía de
nuestro baño que quizás ayudo a disimular lo que yo estaba haciendo.
Ian
venia de una práctica de voleibol, preparándose para los juegos de inicio de
semestre, había llegado muy cansado y dejado toda la ropa en la entrada del
baño, incluso su bóxer en la manilla de la puerta del baño. Al llegar de la práctica,
mientras me contaba entusiasmado lo que había disfrutado jugar un partido con
su propio equipo, se fue quitando la ropa. Mientras hablaba todavía corrían
algunas pocas gotas de sudor que luchaban por seguir su camino entre los pocos
vellos cortos que resaltaban de una manera muy masculina su definido pecho pálido.
Se apuraba por irse a bañar pues el frio estaba empezando a erizar su piel
desnuda, tensa pero suave y cálida por lo menos en mi perspectiva. Una vez en
boxers de corte bajo que marcaban de una manera incomparable lo dotado que
estaba mi buen amigo, además de parecer que luchaba por ser libre de aquella
ligera y traslucida tela blanca, un poco húmeda por el ejercicio. Sus piernas
eran cada día más definidas, sabía que no estaba asistiendo a ningún gimnasio,
sin embargo estaban creciendo y sus vellos claros parecían adornar aquel
hermoso cuerpo. Me dio la espalda dirigiéndose
al baño mientras que con una mano agarraba su ropa interior y la dejaba en la
manilla de la puerta. Dejando en evidencia sus grandes nalgas, pálidas y que
definitivamente eran lisas suaves además de endurecidas por el deporte, con una
fina capa bien distribuida de vellos que solo fueron visibles mientras cruzaba
la habitación por la luz tenue del baño. Ahí me encontraba, y no pude evitar
ver mi entrepierna, pues tenía yo solamente un pequeño interior de liga gruesa,
empalmado de una manera que me sentí avergonzado pues Ian seguramente se había percatado
de ello mientras hablábamos, además que no podía dejar de ver aquel cuerpo, ruborizándome
como si fuese la primera vez que mi mejor amigo se quedara sin ropa en mi
presencia; a pesar de esto me vi tocándome y gimiendo en mi cama con las luces
apagadas, estaba muy lubricado como si acabara de pasar una boca dulce y tibia
por mi miembro. Cuando de repente salió Ian, y toda la habitación se inundó de vapor que provenía de nuestro
baño que quizás ayudo a disimular lo que yo estaba haciendo. Ian tenía una
toalla muy corta que alcanzo para secar sus hermosos cabellos oscuros, podía ver
como goteaba por todo su cuerpo toda esta humedad que yacía en el, formando
gotas que brillaban por la luz que entraba delicadamente por nuestra ventana,
yo me sobresalte y me puse la sabana encima. El al notar esta reacción rápidamente
pareció entender que estaba pasando, y sencillamente me dedico una tierna pero pícara
sonrisa, levantando un poco las cejas de manera tal que entendí que él se había
percatado de todo. Con esto me dio la espalda y se colocó frente a su ropero el
cual tenía un espejo por el cual me seguía viéndome mientras buscaba ropa seca,
en esto dejo caer su toalla, dejando desnuda aquella perfecta y arqueada
espalda, húmeda por el vapor que provenía de la ducha, además de que dejo en
evidencia su pene, finalmente, tenía mucho sin verlo pues hacia mucho que no
llevaba una chica a la habitación. Mi atención se concentró en su pene, que parecía
no tener ni un solo vello como si nunca hubiese tenido uno, aquel pene que ya
estaba erecto como si mucha sangre fluyera a través de él. Tenía rato viéndolo,
cuando me percate que él no se movía, y levante mi mirada y mi sorpresa fue que
él estaba viéndome, sonriéndome mientras pasaba su mano por su entrepierna, apretando
su pene como dando a entender que él tenía el control. Fue cuando dijo, Tienes rato viéndome Adres,
desde que llegue y te conté de la práctica pude notar que me mirabas de esa
forma en la que te pillo cuando Daniela se queda por lo sábados –Y volvió a sonreír-
Y ahí está, esa carita que haces cuando te sientes apenado. Diciendo esto se dio la vuelta y sin tomar
nada se dirigió hacia mí, llegando a mi cama vio lo húmedo que me encontraba y
mis sabanas ya no podían ocultar, estaba muy excitado y nervioso. El volvió a sonreír
y yo me puse mucho más nervioso, tomándome por el cabello me acerco hacia su
rostro colocando su mejilla contra la mía, dijo suavemente: Podemos divertirnos
un poco esta noche, si quieres (dándome un beso en el cuello). Esto me hizo
estremecerme de una manera que solo había experimentado en sueño, sueños con
El, acto seguido acerco mis labias hacia los suyos y nos besamos, mientras loa
hacia se montó sobre mi cama, su cuerpo a esa temperatura junto al mío hacia
que olvidara todo el frio de aquella noche, rápidamente me quite la ropa
interior y apoyo todo su cuerpo sobre el mío. Mientras nos besamos el solamente
me acariciaba, de una forma que solo pensé que lo hacía con Daniela, sin
embargo lo hacía de una manera más especial, lo hacía con sentido de
pertenencia, me trataba con un cariño que me hacía pertenecerle, pues no podía ser
de nadie más, sus besos y sus abrazos nos unieron de una forma que ni con las
mujeres más hermosas Él lo había logrado. Podía sentir cada parte de su cuerpo
contra el mío, su cuerpo tibio calentándose cada vez más, exaltando cada sensación
las caricias que nos hacíamos; sus vellos sobre mi cuerpo simulaban una sensación
de abrigo incomparable, como suave seda por todo mi cuerpo. Su pene se sentía muy
caliente, mucho más que cualquier parte de su cuerpo, aquí fue cuando se puso de
rodillas y me dedico una mirada de deseo y pasión, una mirada que no requirió de palabras para
expresar lo que él quería, y yo sabía, acto seguido me acerque y empecé a besar
su pezones, adornados de delgados y suaves vellos que me hacían querer besarlos más, mientras él
se estremecía de placer y me presionaba contra su fuerte pecho, ruborizado por
la excitación. Fui bajando hasta llegar a su pene, el cual estaba erecto y muy
firme, grueso; era un pene hermoso, simétrico, nada tosco y muy aseado, del
mismo color que su abdomen, y suave como aquellas nalgas que no podía dejar de
tocar mientras besaba. Bese su pene hasta meterlo en mi boca, no se para quien
fue más excitante aquella acción pues el
gimió de una manera inigualable y solo me pedía q no parara que se lo besara más
y lo sintiera mío, que lo comiera a besos, mientras que para mí era como un
dulce y exótico fruto, dulce al paladar que llenaba mi boca de fluidos caliente
que indicaban cuan excitado se encontraba mi Ian, continúe haciéndoselo,
algunas veces con dificulta pues era muy grande, pero tanto placer le causaba
que simplemente no podía para, ver a Ian, mi Ian retorcerse de placer por mí,
era un imagen que había anhelado toda mi vida, él se contraía de una manera y
gritaba mi nombre tomándome por la cabeza con mucho amor e insistencia, todo
esto mientras yo me la hacía con mi mano, cuando de repente unos fuertes
movimientos y contracciones en su abdomen dieron lugar a el fruto de aquel
acto, se vino en mi rostro que de tanto
movimiento hizo que me cayera por la parte baja de la barba, ante tanto placer
yo me vine también, y esto hizo que me llenara de una forma incomparable de amor
por él, pero fue cuando me di cuenta y volví a nuestra realidad, era mi amigo
Ian, mi amigo heterosexual que había tenido al parecer una buena noche con su
amigo Andres, pero en esto sin ningún tipo de repulsión me acerco y me dio un
beso enorme posando su cuerpo sobre el mío
una vez más, nos acurrucamos en mi cama limpiándonos con unas toallas, y nos
unimos en un abrazo que no daba lugar a aquel frio, durmiéndonos y despertándonos
a mitad de la noche con besos en las mejillas y volviéndonos a dormir. Esa fue
la forma en la cual nos enamoramos, una noche de invierno que se transformó en
el momento perfecto para el nacimiento de nuestro amor.
Fin
No hay comentarios:
Publicar un comentario